sábado, 24 de enero de 2015

Guerra de sexos

Entras en casa y... apenas has abierto la puerta que ya te están agasajando con sus saltos y lametones. Y es que tener una gran familia peluda mola, y mola mucho, la fidelidad y el cariño incondicional que te brindan es inigualable. 
Athos* el mas mayor después saltar hasta la altura de tu cara y romper las bolsas de la compra que traes, sale corriendo como alma que lleva el diablo, y vuelve con la cuerda (jugete perruno bastante perjudicado) la cara lo dice todo "que bien que has venido, a jugar" entonces intentas quitársela, pero no eres lo suficientemente rápido,  y es entonces cuando entra en el juego Bella** te mira con cara de "no te preocupes yo me encargo" y engancha el extremo, prediciendo un tira y afloja de poder. Solo puedo quedarme mirando y pensando... Podre jugete, aun siendo un ser inerte mi imaginación entonces cobra vida, y veo al pequeño jugete con sus ojos cerrados y gritando 
- ¡ soltadme! ¿No veis que me estáis haciendo daño?
Es en ese momento que decido intervenir, con el fin de salvar a vida a un trozo de cuerda rosa, y arranco con decisión al indefenso jugete de las fauces de las dos fieras. Ambos me miran, no me quitan ojo, entonces vuelvo a la realidad la cuerda pierde su vida y vuelve a ser lo que es, una cuerda, y observó de nuevo la perruna guerra de sexos germánica, para intentar comprender la humana. Al cabo de 5 Min athos se da por vencido, y Bella con su sonrisa y grácil trote viene frente a mi, se sienta y me ofrece su codiciado trofeo, en su cara se lee claramente. - he vuelto a ganar como siempre. Toma la cuerda que querías se la he quitado al gamberro de mi hermano. 
Ahí comprendí que que el reino animal no dista tanto del humano y al final son las mujeres las que llevan la voz cantante, por fortuna para los hombres. 


* Mi perro, un Braco alemán de dos años y medio. 
** Mi perra, una Pastor alemán de solo diez meses. 

2 comentarios:

  1. ¿ Que harías tu sin ellos ?... Oreo ha leído tu post y se ha llevado las patas a la cabeza, mientras exclamaba ¡Santa Paciencia que tengo! y en tregua de mordiscos a decidido ir a dormir.

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  2. JAJAJA la verdad es que me dais la vida.

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